Rolfing y coaching son dos técnicas perfectamente complementarias que permiten ampliar nuestra capacidad de crecimiento personal, a través de una toma de conciencia del propio ser, físico y emocional.

La forma que tenemos de ver las cosas y la realidad que nos rodea está marcada por todas aquellas experiencias, hábitos y creencias que hemos acumulado a lo largo de nuestra vida. Pero no sólo actuamos de acuerdo a cómo somos, sino que también somos de acuerdo a cómo actuamos. Es decir, que si aprendemos a actuar de otra forma, podemos cambiar nuestro ser y transformar todas aquellas circunstancias que nos impiden vivir una existencia plena y satisfactoria (ya sea a nivel físico, emocional…).

El coaching es un sistema que busca liberar el potencial que todos llevamos dentro a través del autoconocimiento y la acción. En este proceso, el coach nos “acompaña” y nos ayuda a descubrir el porqué de nuestras insatisfacciones. Una vez elevado ese nivel de conciencia, nos enseña a ponernos en marcha hacia nuestra transformación vital.

Como terapia corporal, el Rolfing también puede ayudarnos a encontrar nuevas maneras de estar en el mundo trabajando en varios niveles: estructura del cuerpo, coordinación, percepción… Al igual que el coaching, nos ayuda a tomar conciencia (del cuerpo en este caso) y nos aporta la presencia necesaria para afrontar con mayor confianza y solidez la transformación que buscamos.